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Quintos

Los Quintos

En España, se llama quintos a los jóvenes que al cumplir la mayoría de edad se iban a hacer el servicio militar.

Hace seis siglos el rey Juan II de Castilla decretó la obligatoriedad de sustentar el ejército real mediante una “contribución de sangre”. Se llegó a la conclusión de que con uno de cada cinco jóvenes con la mayoría de edad recién cumplida bastaría para mantener la milicia, sin afectar al desarrollo del trabajo en los campos o los oficios. Así, por ser la quinta parte, los jóvenes que tenían que ir al ejército empezaron a conocerse como “quintos”. El término se generalizó luego a todos los que tenían la misma edad o habían realizado juntos el servicio militar, que fue obligatorio para casi todos desde el siglo XVIII.

Sorteo de quintos

Para la mayoría de los hombres jóvenes de 17 a 18 años que se tenían que incorporar a filas, aquella obligación suponía toda una aventura. Salían de sus pueblos o ciudades por primera vez y se enfrentaban a un reto totalmente desconocido. Se producía, incluso, un cambio en su consideración social: pasaban a ser hombres con obligaciones.

También el día del sorteo, el alcalde preguntaba al quinto si tenía algo que alegar a lo que este podía contestar:

Nada.
Hijo de viuda pobre.
Corto de vista.
Pies planos.
Tengo un hermano en la mili.
Etc.

De esta forma algunos de ellos podían librarse de hacer la mili….”.

Antonio recuerda que el día antes del sorteo los quintos cantaban este cantar:
“Los quintos somos nosotros,
los soldados quiénes serán,
en el balcón del Ayuntamiento
el domingo por la mañana
el Aguacil lo dirá”.

Normalmente la talla y el reconocimiento tenía lugar en el Ayuntamiento que generalmente estaba lleno por los mozos y sus familiares. El sorteo que tenía lugar al año siguiente, no se realizaba en el Ayuntamiento sino en la Caja de Reclutas de Zamora. Allí se iba para saber qué letras habían salido para los diversos destinos. La suerte se echaba entre Africa y la Península, siendo los destinos de Africa los peores, llenando de disgusto y pesar a familiares, novias y amigos.

Mariano nos habla de todo esto mientras hace memoria de su época:
“… de la talla se encargaba el aguacil, el cual una vez tallado el quinto y vista sana presencia daba el grito de “soldado útil para servicio”. Si presentaba alguna alegación se declaraba “soldado útil pendiente de fallo” a expensas de que la Caja de Reclutas de Zamora finalizara la revisión del expediente.
El sorteo se celebraba en la localidad de nacimiento mediante un número por individuo.

Por último qué decir de las numerosas coplillas que los quintos cantaban por el pueblo y en las que alardeaban de ser los mejores quintos o simplemente utilizaban el tono picaresco.
Jose nos hace mención de algunas de ellas:
“Todos los cortos de talla, uncidos en una noria, ya que no sirven a la patria, que rieguen las zanahorias.”
“El Ayuntamiento de Aspariegos, el de los tres balcones, donde nos tiene que ver el médico los coj….”
“Las madres son las que lloran que las novias no lo sientes, que quedan cuatro pollitos, y con ellos se divierten.”

Finalmente en 1999 se ha producido el último alistamiento. Es la quinta del 82. La ley ha suprimido el servicio militar obligatorio, dando lugar así a un ejército profesional.

Pero no olvidemos una cosa: decir en un pueblo pequeño que alguien es “quinto mío” suele llevar implícito el concepto de amistad.

 

En Apariegos aún continúan los quintos, cada año los jóvenes que cumplen dieciocho años celebran su quintada.

Primero hacen una reunión en la cual asisten los participantes y organizan todo.

Los quintos comienzan, el uno de mayo con la colocación del mayo, es decir, un árbol alto, en la plaza u hoy en día en un lugar del pueblo.

Los quintos en sí se celebran dependiendo en unas fechas u otras, principalmente en diciembre y enero.

 

En Aspariegos:

El día 2 de Febrero coincidiendo con LAS CANDELAS los quintos corrían las cintas montados a lomos de los mejores caballos  que hubiera en el término, Los engalanaban con cintas en la cola y en ambas orejas, por la cabeza el bozal y en la montura una colcha tirada por encima, la más elegante que tuvieran.

Un hombre del pueblo se encargaba de poner ese día un poste a cada lado de la actual calle de Carlos Pinilla y de uno a otro una cuerda a la altura de los que iban montados a caballo.

De la cuerda colgaba un cajón que estaba ranurado y en cada ranura había carretes de cinta con una argolla que se quedaba colgando y era entonces cuando desde el caballo y a galope intentaban acertar con el puntero en esa argolla para sacar la cinta del cajón.

Cuando sacaban las cintas era tradición que la primera se la diese a la novia y después a las hermanas y finalmente a los familiares.

Una de las cintas era “la maestra” y medía tantos metros como quintos hubiere, el que la sacaba del cajón la lucía durante el baile.

 

Además de la baja población juvenil actual en el medio rural, que hace que se pierdan bastantes tradiciones, otras, sin embargo, se han abandonado por motivos racionales porque suponían el maltrato a los animales, como:

  • En ciertas localidades de Castilla y León, los quintos pasaban al galope a lomos de un caballo para agarrar unos gallos o pollos que colgaban atados de las patas en la plaza del pueblo. Sin embargo, se abandonó en la década de los 70 y 80 por su crueldad, ya que morían porque se les arrancaba el cuerpo de la cabeza atada, aunque la tradición en vez de perderse fue sustituida en unos casos por sacos colgados rellenos de plumas.
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