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31/10/2008 00:32:45
Trascribimos para leerlo mejor - Cartel colgado en los contadores de la luz de Aspariegos en 1917. A LOS ABONADOS DE LA HIDROELÉCTRICA de ASPARIEGOS
Está en peligro de muerte quien se olvide de estas advertencias
Si por desperfectos causados por los temporales, u otras causas, en las centrales, líneas y transformadores, o producidas por mano inocente o criminal, vieseis alguna vez que en vuestras casas entraba más cantidad de energía eléctrica que la ordinaria, dando ello lugar a que echen chispas o ardan las llaves y cordones de la luz, a nadie que tenga amor a la vida se le ocurra intentar cortar la corriente, y menos empleando cuchillo, tijeras, cachas, machetas u otras herramientas por el estilo; porque tan pronto como toquéis a los cables quedaréis carbonizados. Lo única que se recomienda en estos casos de gravedad, es avisar rápidamente al empleado para que corte la corriente en el transformador, y vosotros, entre tanto, conservad la serenidad, apartándoos cuanto os sea posible de los sitios de peligro, pues se repite, que tocando a las llaves o cordones cuando están ardiendo, la muerte es inevitable. Si a pesar de cuantas advertencias quedan hechas, algún ignorante o atrevido tocase los cables y fuere electrocutado, se recomienda: buscar rápidamente al médico y librarse de personas ignorantes; pero, si no hubiese médico, una vez roto por el empleado el contacto de la víctima con los cables, procurar trasladar al enfermo a una habitación bien ventilada, no permitiendo la entrada en ella más que a las dos o tres personas más enteradas, que hayan de intentar dar vida a la víctima. Restablecer antes de nada la respiración del enfermo en la siguiente forma: Acostad a la víctima de espaldas y colocadle debajo de los hombros una almohada, o cosa por el estilo, para que el pecho quede en alto. Quitadle todas las ropas que puedan oprimirle el cuello, pecho y cintura, como son: botones, corbata, cinto, etc. Abridle la boca, introduciéndole en ella, si fuese preciso, un trozo de madera. Haced salir la lengua sujetándola a la barba con un pañuelo; provocad la respiración, haciéndole cosquillas a la víctima en la nariz y garganta, con una pluma de ave, hierba o paja, y reaccionando el cuerpo con agua y fricciones. Si con dichos procedimientos no se lograse rápidamente que el enfermo respirase, hay que proceder a la respiración artificial del siguiente modo: Poneos de rodillas detrás de la cabeza de la víctima; cogedle los brazos por los codos y apretádselos fuertemente contra el pecho; levantadlos después alargándolos lentamente y haciéndoles describir un arco sobre su cabeza, y volver a la primera posición después de una parada de tres segundos. Estos movimientos deben repetirse por espacio de una hora, por lo menos. En cuanto la respiración comience, lo que suele manifestarse con movimientos y cortas aspiraciones y con cambios de color, procúrese restablecer la circulación de la sangre con ligeros y rápidos golpes dados sobre el corazón. Si la víctima ha vuelto en sí, se le acuesta en una cama, procurando que nadie la moleste y que la habitación esté muy ventilada; y si aún no ha llegado el médico y ordenado otra cosa, se le dan infusiones de café o vino caliente. Aprended estas instrucciones y quiera Dios que nunca os veáis precisados a practicarlas.
Las flechas eternas
de Cupido
Ella recuerda todavía emocionada la primera vez que le vio. Sus jefes y el de Juan habían organizado una comida «y yo iba a ayudar a Juan a prepararla y discutimos porque no me dejó. Me echó de su cocina y pensé que era un desaborido» relata mirando con dulzura a su marido. En su noviazgo se veían sólo el domingo: «le iba a buscar al bar e íbamos al cine y luego, él regresaba al trabajo y yo a la casa en la que servía», menciona Lina Domínguez al hablar de aquel período. Tras dos años, se casaron «en la cripta de la catedral de Tánger y estuvimos un mes de viaje de novios en la Península y fue entonces cuando conocí a su familia» explica Lina Domínguez. Cuando la situación en la colonia empeoró «volvimos a la Península, a Zamora y tuvimos que empezar de cero». La vuelta a la tierra de Lina contó con momentos duros, pues su establecimiento permaneció mucho tiempo cerrado por humedades «y pese a que teníamos ahorros, nos vimos en la necesidad de coger a chicos a pensión en casa», menciona Lina Domínguez. Ahora, tras más de 50 años de matrimonio, reconocen que «nos amorramos, más que discutir». Coinciden en que el respeto y saberse llevar supone la clave para que una pareja se lleve bien. De la misma opinión son Lesmes Vicente y Fermina Silva, un matrimonio que un 31 de enero de hace 54 años se dieron el "sí quiero". El, de Montamarta y ella, de Aspariegos, se conocieron a la entrada de un baile en invierno «que nevaba mucho» en Montamarta, pese a que en el pueblo vivían en la misma calle. Lesmes, piropeó a la hermana de Fermina y sin embargó bailó casi todas las piezas de la noche con Fermina. Haciendo memoria y lanzando una mirada cómplice a su pareja, ella apunta que «el primer día que me fue a ver «estaba rezando el rosario y me esperó más de una hora». Lesmes Vicente indica: «el día que más me fijé en ella fue un Miércoles de Ceniza». A partir de ese momento, transcurriendo cuatro años de relaciones y «nos casamos». Al hablar de su enlace Lesmes muestra una amplia sonrisa y comenta «mi suegra, que en paz descanse, dijo que mi nombre era un tan raro, pero que todo lo hace la persona». En plena posguerra contrajeron matrimonio y durante ochos años estuvieron separados por el trabajo, pues la labor de él instalando líneas para la antigua Iberduero le obligaba a viajar, y «venía un par de días a casa cuando estaba más cerca». Su ausencia se hacía algo más llevadera a Fermina Silva «gracias a nuestra hija. Era la única forma de poner ganar el jornal por aquel entonces» y Lesmes Vicente apostilla «las añoraba mucho, sobre todo cuando estaba en casa de patronas». Luego, llegó el turno de los traslados. «Queríamos estar los tres juntos y recorrimos media España» asevera Fermina Silva, que coincide con su marido «habiendo cariño se puede con la separación y con todo». Y sólo «unos días» en toda su vida en común, 46 años de unión, han pasado separados Lorenzo Moya y Jacinta Herrero. Se conocieron gracias a que la madre de ella era clienta del establecimiento que atendía Lorenzo. Y, poco a poco, lo que era amistad fraguó en noviazgo en 1957, y acabó en boda tres años después. Pese a que ella tenía varios pretendientes cuando conoció a Lorenzo Moya «me enamoré de él y sólo tenía ojos para Lorenzo», menciona Jacinta Herrero, con gran emoción en su rostro. Sentimiento que se acentuó cuando su marido mostró una foto de su esposa. «Lleva el primer vestido que le regalé» indica Lorenzo Moya señalando una de las instantáneas. La relación con los años cambia y se convierte en una sensación más intensa Tras más de media vida juntos, los seis reconocen que el amor cambia con el paso de los años «el cariño con el tiempo cambia y se hace mucho más intenso que los primeros años de matrimonio» confirman las féminas y Lorenzo Moya reconoce que «cada día quieres más al otro». Lina Domínguez explica que tras ayudar a acostarse a su marido «nos besamos. Sin eso, no podemos dormir». La convivencia es la asignatura más difícil del matrimonio, confirman los tres veteranos matrimonios. Fermina Silva manifiesta: «los primeros meses fueron complicados, pues te tienes que hacer al otro». Se discute, «pero al rato se olvida», apunta Jacinta Herrero, mientras que Juan Garres confirma que «siempre se cede: uno u otro». No echar en cara los defectos del otro ayuda a la buena marcha de la unión, opinan las mujeres, mientras que Fermina Silva apostilla: «si los hijos ven que los padres discuten pero se reconcilian, el día de mañana ellos harán los mismo. Si ven que se tratan mal, eso es lo que reproducen», en clara alusión a la violencia doméstica. El elevado incremento de la cifra de divorcios también les sorprende: «que se sepan comprender», sentencia Lorenzo, sería su receta para que una pareja marche. La jornada de San Valentín no la han celebrado de una manera demasiado excepcional. «Por la mañana en cuanto se levantó me dijo: te quiero» asegura Fermina Silva; mientras que Lina Domínguez tenía ganas de un traje y Juan Garres comenta «la animé a que se lo comprara como regalo». Los detalles también marcan la relación del matrimonio formado por Jacinta Herrero y Lorenzo Moya, quien está en todo momento pendiente de su mujer. «Es algo que te sale» apunta él con gran naturalidad.
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